Clima financiero: Neutro Riesgo país +0.61% · Dólar blue -0.32% · Merval (USD) -0.45%

17/08/2026 12:02

De la morosidad y el crédito a la economía de San Martín: ¿qué haría hoy el Libertador?

De la morosidad y el crédito a la economía de San Martín: ¿qué haría hoy el Libertador?

# De la morosidad y el crédito a la economía de San Martín: ¿qué haría hoy el Libertador?

La economía argentina vuelve a enfrentarse con un problema conocido: cómo lograr que el dinero vuelva a circular cuando los hogares están endeudados, el crédito se encarece y las empresas dudan antes de invertir.

La preocupación actual no pasa solamente por el dólar, la inflación o las tasas de interés. También aparece un problema más profundo: millones de personas con dificultades para pagar sus deudas quedan fuera del sistema crediticio y, al mismo tiempo, reducen sus gastos. Cuando esto sucede a gran escala, la morosidad deja de ser solamente un problema entre un deudor y un banco y comienza a afectar al conjunto de la economía.

A esto se suma la incertidumbre política. Si las empresas y los inversores no saben qué escenario económico encontrarán después de las elecciones de 2027, muchas decisiones de inversión pueden postergarse.

La pregunta entonces es inevitable: ¿qué pensaría José de San Martín frente a una economía con problemas de crédito, consumo e inversión?

La respuesta no puede ser literal. San Martín vivió hace más de dos siglos y no conoció un banco central, inflación moderna, mercados de capitales ni una economía basada en el crédito de consumo. Sin embargo, su experiencia como gobernador de Cuyo permite encontrar algunas ideas sorprendentemente actuales.

## San Martín tuvo que administrar una economía en crisis

Cuando San Martín asumió como gobernador intendente de Cuyo, en 1814, recibió una región que debía sostener una enorme transformación política y militar.

La independencia no se financiaba solamente con discursos. Había que alimentar soldados, fabricar armas, producir vestimenta, conseguir caballos, mantener establecimientos productivos y preparar el Ejército de los Andes.

Al mismo tiempo, los recursos eran escasos.

San Martín tuvo que hacer algo que cualquier gobierno enfrenta cuando los recursos no alcanzan: establecer prioridades.

Su gestión combinó reducción y control del gasto con una búsqueda activa de recursos fiscales. Pero no se limitó a recaudar. También buscó que la economía regional siguiera produciendo.

Cuyo tenía una actividad agrícola y vitivinícola importante y mantenía vínculos comerciales con Chile. Cuando la situación militar cerró esa vía comercial, el problema económico se volvió todavía mayor y San Martín tuvo que recurrir a una verdadera economía de guerra.

Ese punto resulta particularmente interesante para la Argentina actual.

## El Estado no era para San Martín un espectador

San Martín no parece encajar fácilmente en ninguna de las categorías económicas actuales.

No se lo puede llamar liberal en el sentido contemporáneo, pero tampoco tenía una concepción de una economía completamente dirigida por el Estado.

Su pensamiento estaba subordinado a una cuestión fundamental: construir una nación independiente.

Por eso, cuando gobernó Cuyo, utilizó al Estado para movilizar recursos, organizar la producción y sostener actividades que consideraba estratégicas.

La agricultura y la producción regional tenían importancia porque generaban riqueza, empleo, alimentos y recursos fiscales, pero también porque permitían sostener el esfuerzo de independencia.

Incluso existen antecedentes de medidas destinadas a proteger determinadas producciones frente a la competencia externa, aunque los historiadores discuten hasta qué punto corresponde definirlas como un verdadero programa de proteccionismo industrial en el sentido moderno.

Lo importante es otra cosa: San Martín no pensaba que el crecimiento económico apareciera automáticamente por dejar actuar a las fuerzas del mercado.

Cuando consideraba que una actividad era estratégica, el Estado podía intervenir.

## Producción antes que especulación

Aquí aparece una diferencia interesante con algunos de los problemas actuales.

La Argentina de hoy tiene una economía financiera mucho más desarrollada. Los bancos prestan, las familias se endeudan, las empresas buscan financiamiento y los inversores compran bonos y acciones.

San Martín vivía en otro mundo.

Pero su experiencia muestra una preocupación muy concreta: el dinero debía servir para sostener la actividad productiva y los objetivos económicos del país.

Cuando una economía pierde capacidad de producir, recaudar y generar ingresos, el problema no se soluciona simplemente aumentando el endeudamiento.

Esta idea puede trasladarse al presente con una salvedad importante.

El crédito puede ser una herramienta poderosa para reactivar el consumo y la inversión. Pero si una familia ya está sobreendeudada, agregarle más deuda puede agravar el problema.

Por eso la discusión actual sobre la morosidad es más profunda de lo que parece.

No alcanza con preguntar cuánto crédito existe.

Hay que preguntar también:

¿Quién puede acceder al crédito?

¿A qué tasa?

¿Para qué lo utiliza?

¿Puede devolverlo con sus ingresos?

Y, fundamentalmente:

¿El crédito termina generando más producción e ingresos o solamente permite financiar consumo atrasado?

## San Martín y el problema de los recursos

Hay otro aspecto de su gestión que resulta especialmente actual.

San Martín entendía que un Estado no puede gastar indefinidamente más de lo que puede financiar.

Pero tampoco podía aplicar una política de austeridad que destruyera la capacidad productiva que necesitaba para alcanzar sus objetivos.

Por eso su administración buscó ordenar las cuentas y, simultáneamente, encontrar nuevas fuentes de recursos.

Incluso algunas cargas extraordinarias que afectaban el comercio fueron revisadas cuando se observó que podían perjudicar la actividad económica. Su gestión muestra así una combinación de disciplina fiscal y pragmatismo.

Es una diferencia importante respecto de las discusiones económicas reducidas a consignas.

Para San Martín, el problema no era simplemente “gastar” o “no gastar”.

La pregunta era:

¿Para qué se utilizan los recursos y qué resultado producen?

## ¿Qué habría pensado sobre la deuda?

Probablemente habría desconfiado de una economía que dependiera permanentemente del endeudamiento para funcionar.

Pero eso no significa que hubiera rechazado todo crédito.

Una economía necesita financiamiento. El problema aparece cuando la deuda se utiliza para cubrir permanentemente desequilibrios sin aumentar la capacidad futura de generar ingresos.

En ese sentido, existe una diferencia fundamental entre dos tipos de crédito.

Uno puede financiar consumo corriente que luego debe pagarse con ingresos futuros.

El otro puede financiar una inversión que genera producción, empleo y nuevos ingresos.

Para una familia endeudada, un préstamo puede ser una solución temporal o puede convertirse en una trampa.

Para una empresa, un crédito puede permitir comprar maquinaria, ampliar una fábrica o aumentar las exportaciones.

La cuestión central no es entonces simplemente cuánto crédito existe, sino qué hace la economía con ese crédito.

## El paralelo con la Argentina de hoy

La discusión actual presenta justamente una paradoja.

Por un lado, se necesita reactivar el crédito porque una economía sin financiamiento difícilmente pueda crecer rápidamente.

Por otro, una parte importante de los consumidores está endeudada y tiene dificultades para pagar sus obligaciones.

Si se endurecen demasiado las condiciones financieras, cae el crédito y se debilita el consumo.

Si se flexibilizan demasiado, puede aumentar el endeudamiento de personas que ya tienen dificultades para pagar.

El desafío consiste en encontrar un punto intermedio: permitir que quienes tienen capacidad de pago vuelvan a acceder al crédito y, al mismo tiempo, facilitar la regularización de quienes quedaron atrapados en la morosidad.

La discusión sobre el crédito en dólares agrega otra dimensión.

Utilizar los dólares depositados en los bancos para financiar empresas puede aumentar la disponibilidad de crédito y contribuir a reactivar inversiones. Pero también exige prudencia: prestar dólares a quienes generan ingresos en pesos puede crear un riesgo importante si el tipo de cambio aumenta.

El debate, por lo tanto, no es simplemente entre “usar los dólares” o “no usarlos”.

La pregunta verdaderamente importante es para qué se utilizan y quién asume el riesgo.

## La gran diferencia: San Martín tenía un objetivo

Quizás esta sea la principal enseñanza de aquella experiencia.

San Martín tenía un objetivo económico subordinado a un objetivo nacional: conseguir los recursos necesarios para construir una nación independiente.

Eso permitía establecer prioridades.

Producción.

Recaudación.

Disciplina fiscal.

Comercio.

Infraestructura.

Organización del Estado.

Y, sobre todo, capacidad de movilizar recursos hacia aquello que consideraba estratégico.

La Argentina actual enfrenta un problema mucho más complejo.

No tiene que financiar un ejército que cruce los Andes, sino reconstruir una economía capaz de generar crecimiento sostenido.

Pero la lógica de fondo tiene algún parecido.

Una economía no se fortalece únicamente con estabilidad financiera.

Tampoco solamente con crédito.

Ni exclusivamente con reducción del gasto.

Necesita producir, invertir, generar empleo, aumentar la productividad y permitir que los ingresos de las familias crezcan de manera sostenible.

## ¿Qué podría aprender la Argentina de San Martín?

Quizás no haya que buscar en San Martín una receta económica para el siglo XXI.

Sería un error.

Pero sí pueden encontrarse algunos principios.

Primero, administrar los recursos escasos. San Martín sabía que los recursos eran limitados y que cada peso debía tener una finalidad.

Segundo, proteger la capacidad productiva. No concebía una economía fuerte si las actividades que generaban riqueza quedaban destruidas.

Tercero, utilizar el Estado cuando existía un objetivo estratégico. Para él, el Estado no era simplemente un recaudador.

Cuarto, revisar las medidas cuando producían efectos contraproducentes. La experiencia de Cuyo muestra que incluso las medidas adoptadas por necesidad podían ser modificadas si terminaban perjudicando la actividad.

Quinto, distinguir financiamiento de solución. El crédito puede ayudar a una economía, pero no reemplaza la producción ni el crecimiento de los ingresos.

## Dos siglos después, la pregunta vuelve a ser la misma

En 1817, San Martín necesitaba conseguir recursos para que un ejército atravesara los Andes.

En 2026, la Argentina necesita conseguir algo diferente: que millones de familias vuelvan a consumir sin sobreendeudarse, que las empresas vuelvan a invertir y que los inversores tengan confianza suficiente para colocar capital a largo plazo.

Las circunstancias son completamente diferentes.

Pero existe una pregunta común:

¿Cómo transformar recursos limitados en crecimiento real?

San Martín probablemente no hubiera discutido la economía solamente desde el punto de vista del dólar, las tasas o los mercados financieros.

Miraría primero la capacidad productiva del país.

Porque, en definitiva, una nación puede financiarse durante un tiempo con deuda, crédito o recursos extraordinarios.

Pero solamente puede sostenerse en el largo plazo si produce más, genera más ingresos y utiliza sus recursos con inteligencia.

Quizás esa sea una de las pocas lecciones económicas de San Martín que todavía conservan plena vigencia: la estabilidad puede ser necesaria para una economía, pero el verdadero objetivo debe ser construir una economía capaz de sostenerse por sí misma.

← Volver a la cotización del dólar